Las manos atadas de Mauricio Macri

En el comienzo de esta semana, un periodista de la agencia Bloomberg le preguntó a Mauricio Macri si competiría por la reelección el próximo año. “I am ready to run” respondió el Presidente. Un par de días después, se produjo una evidencia muy clara de lo difícil que le será triunfar en esa carrera. El prestigioso Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella reflejó que, por primera vez desde su asunción, la sociedad le tiene menos confianza a Macri de la que le tenía a Cristina Kirchner en noviembre de 2015, el último mes de su segundo mandato. Los desafíos difíciles no son nuevos para Macri. Su equipo recuerda que, ya bien entrada la campaña de 2015, era una quimera pensar que podría ganar, y que, pocas semanas antes de las elecciones del año pasado, las encuestas anticipaban un triunfo holgado de Cristina. Sin embargo, esta vez hay un elemento nuevo: Macri tiene las manos atadas, no puede decidir sobre algunos de los aspectos centrales que definirán su destino.

La política siempre depende del estado de la economía. En la Argentina dolarizada depende de un aspecto mucho más puntual: el tipo de cambio. La ecuación es sencilla. Si el dólar sigue subiendo, descontrolado, Macri perderá las elecciones. No solo eso: tal vez ni siquiera tenga posibilidades de presentarseEn cambio, si se serena, el desempeño de la economía será débil, habrá caído el producto, crecido la pobreza, pero él tendrá una chance. Se supone que, en este contexto, el Presidente intentará hacer lo que pueda para que el dólar se calme. Gran parte de su destino, y de la tranquilidad de las personas que habitan este país, depende de eso. Sin embargo, no puede hacer nada. O puede hacer muy poco porque, como quedó claro en los anuncios del miércoles por la tarde, el Fondo Monetario Internacional (FMI) impuso que prácticamente no se vendan reservas para evitar que el dólar siga subiendo. Y cuando pasa eso, el dólar sube. Así ocurrió entre jueves y viernes. Por eso, otra vez, la sociedad argentina atraviesa en vilo el fin de semana.

En el último mes y medio, el periplo del dólar obedece a un patrón bastante lineal que permite hacer proyecciones hacia el futuro. A mediados de agosto, el FMI había transmitido un ultimátum al Gobierno: si seguía vendiendo reservas para fijar el tipo de cambio, se retiraría de la Argentina. Los técnicos del Fondo indicaron que el Banco Central (BCRA) debía subir los encajes y las tasas y dejar flotar la divisa. A partir de allí, las semanas de calma e intranquilidad se alternaron. La última de agosto fue terrible: el dólar trepó a 40. La semana siguiente, el BCRA apeló a intervenciones sorpresivas y anunció que ese sería su método de allí en más. El dólar frenó. Luego el Central se retiró tras un nuevo planteo del Fondo. La divisa volvió a escalar. La tercera semana de septiembre vencían las Lebac. El Central intervino y evitó otro salto. El martes, Luis Caputo renunció. El miércoles, el nuevo titular del Banco Central, Guido Sandleris, anunció que se retiraba del mercado hasta que el dólar tocara los 44 pesos y solo intervendría con una pequeña suma diaria para intentar frenarlo. Así estamos.

Fuente: Infobae, por: Ernesto Tenembaum