Divagues

Pequeños Placeres.

Como de costumbre mis divagues vienen de charlas inesperadas, de un comentario, de un breve twitt en este caso.
Una Divina Divine, Cande, twitteó:
“Que placer Que hermosura no tener que hablar con nadie cuando no queres hablar con nadie. Parece una boludez, pero no.”
“¿Hay algo más lindo que bañarse y ponerse el pijama?”
“Los mates con lluvia de fondo son más ricos. Se sabe Lo tierno, lo simple, lo espontáneo. Eso.”

Los engranajes de mi mente divagadora entraron en acción, lo que me llevó a este tema.
¿Por qué no nos detenemos en los pequeños placeres con más frecuencia?
Siento que la vida misma nos arrolla con tantas actividades, con tanta levedad, con tanta violencia, con tanta noticia nefasta.
Observamos el transcurrir a través de un vidrio polarizado mientras que los relojes y almanaques se afanan en avanzar, siguiendo ese ritmo y no frenamos.
Estaría bueno paralizar ciertos tiempos, sumergirse en esos instantes de pequeños placeres.
Bañarse, ponerse un pijama limpio, acostarse con las sábanas impolutas sin la contaminación del día vivido; con un buen libro, una película, una copa de vino en la mano. Solos o acompañados con la diana en el objetivo de sumergirse en esos pequeños placeres.
Son infinitas las opciones, por ejemplo, sustituir la negatividad por la positividad.
Todas las mañanas me despierta un pajarraco trinando cual soprano, lo puteo, me indigna que me saque del dormir, pero en realidad debería disfrutar de su canto y no tomarlo como una afrenta personal.
Estoy hablando desde la perspectiva de indivudualidad, pequeños placeres propios, momentos nuestros íntimos que al fin y al cabo logran que nuestras almas brillen, desempañando el vapor que nos envuelve, por no aprovechar esas mínimas circunstancias que transitamos diariamente.
Caminemos descalzos en verano, sin importarnos, las piedras. Vivamos intensamente desde las aristas de lo cotideano.
Porque todo se resume en cómo elegimos andar, con qué intensidad, con la perspectiva abierta a situarnos en los pequeños placeres agradeciendo tenerlos, te animás?
Contáme cuáles son tus pequeños placeres y yo te cuento los míos, “quid pro quo“.

No olvides que la vida es bella!
Por: Bea Panasiti