DIVAGUES Día de la Madre

Te sentís una madre culposa?

Todas las que ya hemos experimentado ser madres, en algún recoveco no sentimos culposas, o tal vez sólo sea un delirio propio.
Cuando son recién nacidos, que en su mayoría, no duermen de un tirón, en medio de la noche no has tenido ganas de putear, no has pensado necesito dormir. Darle la leche al bebé, aún recurriendo a todos los medios, tener a mano mamadera, y los debidos complementos, pelar la lola en pleno invierno, cualquier opción es agotador.
Cuando empiezan a gatear y vos tapando enchufes tomando todos los recaudos necesarios para evitar un desastre, andás correteando tras el bebé, entre tarea hogareña y trabajo, no te has exasperado.
Cuando llegan a esa afamada crisis de los 2 años y comienzan los berrinches, esos llantos de soprano, en la casa, en la calle, estés dónde estés; y una en el intento de ser buena madre y poner límites, se abochorna y se siente perdida, no has sentido la impotencia apoderarse de tu ser.
Cuando llega la etapa escolar; en primer lugar elegir colegio, cuál colma mis expectativas, en cuál consigo banco, todo una odisea, habré decidido bien. Desprenderse del hijo y dejarlo en la institución, por la que optamos, en manos de extraños, el nudo en la garganta, con mil preguntas afanándose en nuestra mente. El uniforme, la mochilita, las meriendas diarias; preguntándote si te faltó algo y empeñandote en ser la madre del alumno perfectito. Plus los actos escolares, revolviendo placares o alquilando disfraces, no sentiste que no ibas a estar a la altura. Revisar los cuadernos, ayudarlos a estudiar, cada exámen….
Y se te viene la culpa, porque seguramente tenés que trabajar, en casa o fuera, ejercer tu profesión para sentirte más completa, o por necesidad económica, y por más que te repitan que es muy óptimo “calidad que cantidad de tiempo compartido” igual no nos alcanza.
LLega la secundaria y se pone aún más pesada la culpa, entró a la escuela que quería, hice lo suficiente para lograrlo. Comienzan de a poco a soltarnos la mano, se van solos en colectivo y/o caminando, ya no quieren que los acompañes, los miedos maternos asoman y la culpa. Si no aprueban una materia, nos planteamos que no estuvimos lo suficientemente atentas para ayudarlos.
Hay mucha tela para cortar con respecto a este divague.
NO hay que sentir culpa, hacemos lo que podemos, no somos perfectas ni deberíamos pretender serlo. NO es importante tener una ristra de hijos impolutos y sonrientes.
Los hijos fundamentalmente necesitan amor constante y sonante. Seamos mamás, imperfectas, ocupadas, ojerosas, cansadas, con ganas cada tanto de lanzarles un improperio a nuestros decendientes, ser tal como somos. Un hijo sea cuales fueren las circunstancias que atravesamos nos iluminan y nos enseñan a ser madres en el camino y sobre todo que la vida es bella.

Por: Bea Panasiti